Jesús A. Manzaneque

Jesús A. Manzaneque Casero - I.E.S. "Isabel Martínez Buendía" - Pedro Muñoz, Ciudad Real, Castilla-La Mancha, España.

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jueves, 11 de junio de 2015

Iconografía Clásica - Venus y Adonis e Hipómenes y Atalanta


Venus y Adonis
TIZIANO Vecellio
1554 / Museo del Prado, Madrid



En las Metamorfosis de Ovidio:

Así descuida a Citeres y Pafos y Gnido y Amatunta y al cielo mismo y sólo, cautiva, piensa Venus en la hermosura de Adonis. Sólo a él se dedica y ella, acostumbrada a embellecerse y cuidarse en sitios sombreados, lo acompaña por cimas, selvas y peñas, vestida a la manera de Diana, y azuza perros y da caza a bestias inofensivas, liebres o ciervos o gamos. Se abstiene, en cambio, de seguir a feroces jabalíes, lobos, osos y leones.
Aconseja a Adonis que tema también a éstos diciéndole que sólo ataque a los que huyen y no a los que a su vez pueden atacar con sus armas naturales, para que no le ocasione a ella dolor con su valentía. Porque la edad y la figura que conmovieron a Venus no conmoverán a los leones ni a los jabalíes u otras fieras. Los jabalíes llevan el rayo en sus colmillos; los leones tienen la ira y el ímpetu y le son linaje aborrecible. Como él le pregunta por qué ella le responde; le contará el prodigio de una culpa antigua. Pero ahora está cansada del trabajo para ella no usual y lo invita a reponerse en la hierba, a la sombra de un álamo. Se tiende pues, con él, y le habla y lo besa.
Quizás él haya oído de una que vencía a los hombres en la carrera. El hecho fue verdadero y de ella no podía decirse si era más veloz o más hermosa. 
[…]
Atalanta vivió virgen, ahuyentando a sus muchos pretendientes con una condición: ella sólo sería de aquel que la venciera en rapidez, que así la recibiría como esposa. Pero en caso de ser derrotado, sería dado a la muerte. A esta terrible condición se sometieron muchos prendados de su belleza. Hipómenes, que asistía al certamen aquél, se preguntaba por qué se buscaba esposa con riesgo tan grande y condenaba los amores de los pretendientes. Pero cuando vio el rostro y el desnudo cuerpo de la virgen, cuerpo semejante al de Venus o el de Adonis si fuera mujer, se asombra y se arrepiente de haber criticado a los que la querían; se enamora de ella también y teme que alguien la venza en la carrera, envidioso, y decide competir a su vez, contando con que los dioses ayudarán a su audacia. Mientras él piensa, corre Atalanta.
[…] 
Mientras la mira cruza ella la meta y recibe la corona del triunfo. Gimen los vencidos y reciben la muerte pactada.
Sin atemorizarse por esto el joven la desafía.
[…] 
La hija de Esqueneo lo mira con blandos ojos y no sabe si desea vencer o ser derrotada.
[…]
Calla después y sintiendo su primer amor ama sin saberlo.
Ya el pueblo y el padre piden que comience la carrera, cuando Hipómenes ora a Venus y pide que lo asista y favorezca el amor que inspiró. El viento lleva sus ruegos al oído de la diosa que se conmueve y decide ayudarlo de inmediato. En Cipros está el campo Tamaseno a Venus consagrado y en el campo hay un árbol áureo. Viniendo de allí por casualidad la diosa traía en las manos tres manzanas de oro. Visible sólo a Hipómenes fue a él y, dándoselas, le enseñó cómo usarlas.

Hipómenes y Atalanta
GUIDO RENI
1618-19 / Museo del Prado, Madrid



Las tubas habían dado la señal de partir. Ambos salen inclinados y corren rozando la superficie de la arena […] Atalanta quien muchas veces se detuvo para no dejarlo atrás y dejó, contra su voluntad, de mirarlo. Él estaba ya sin aliento, lejos todavía de la meta, cuando arrojó una de las tres manzanas.
Pasmada la virgen corrió hacia ella y la levantó. Hipómenes pasa, entre el aplauso de los espectadores. La virgen recobra el tiempo y deja tras sus espaldas al joven. Retrasada otra vez por haberse detenido a recoger el segundo fruto, vuelve a dejarlo atrás. Quedaba la última parte de la carrera. Allí Hipómenes, luego de invocar a Venus, lanza al sesgo y lejos el tercer fruto. Al ver dudar a Atalanta la diosa la obligó a ir a recogerlo y lo hizo más pesado para amenguar su rapidez. Quedó atrás la virgen y vencida la obtuvo Hipómenes.
¿Acaso no mereció Venus recibir agradecimiento y veneración en sus aras? Pues Hipómenes no le dio gratitud ni incienso. Encolerizada por el desdén y para evitar ser desdeñada en lo sucesivo la diosa se vuelve contra ambos cuando pasaban por los templos que Equión dedicara a Cibeles y se detenían a descansar. Un incontenible deseo de ayuntarse con Atalanta ocupa al joven, que la conduce a un retiro próximo al templo, lugar sagrado a donde los sacerdotes habían puesto imágenes lignarias de los antiguos dioses. Allí profana el sagrario con actos prohibidos. Las imágenes se volvieron para no verlo y Cibeles no los mató porque tal castigo le pareció leve. En vez de eso hizo que sus cuellos se cubrieran de rojas melenas, encorvó en uñas sus dedos, hizo lomos de sus hombros, les dio anchos pechos y colas que barrieran la arena.
Sus rostros se ven iracundos y rugen cuando quieren hablar. Frecuentan las selvas y, a pesar de su ferocidad, muerden los frenos del carro de Madre de los dioses.

Fuente de Cibeles
VENTURA RODRÍGUEZ
1777-82 / Plaza de Cibeles, Madrid




Adonis debe huir de éstas y de todas las otras fieras que le hagan frente, a fin de que su valor no sea dañoso para él y para Venus.
Así aconsejó la diosa y se fue en su carro tirado por cisnes. Pero el valor de Adonis menosprecia tales palabras. Habiendo seguido sus huellas los perros hacen que un jabalí salga de su guarida y Adonis lo hiere con un golpe oblicuo. Sacude la fiera el venablo con sus corvos colmillos y persigue sangrienta a su heridor, a quien postra clavándole los dientes en el vientre. Cae agonizante el hijo de Ciniras.
Citerea, entre tanto, proseguía su vuelo hacia Cipros. Oyó entonces el gemir del moribundo y volvió el rumbo de sus cisnes. Y cuando desde el cielo lo vio revolviéndose en su propia sangre descendió hacia él y se golpeó el pecho y se mesó los cabellos y se quejó a los hados:

La muerta de Adonis (con Venus, Cupido y las Tres Gracias)
Peter Paul RUBENS
1614 / The Israel Museum, Jerusalem



No, empero, todo sería de ellos. Ella levantaría monumentos de su dolor y anualmente habría un simulacro de la muerte del amado y el lamento de la amante. Además la sangre de Adonis se cambiará en flor. Si Perséfone convirtió en menta miembros femeninos, ¿le estará prohibido a Venus transformar a Adonis? 
Habiendo hablado de este modo rocía la sangre con néctar. Se hinchó aquélla, transparente como una burbuja que sube del fondo cenagoso. Y antes que pasara una hora nació una flor color de sangre o de granos de granada, breve en su existencia y frágil en exceso, pues la deshacen los mismos vientos que le dan nombre.







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